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El arte de Delegar

Cuando entrevistamos a Gustavo de la Vega para nuestro segundo episodio de Empréndete, llamó mucho la atención esta idea que ha tenido ideas encontradas: delegar.

No es gratis haber mencionado en tantos capítulos la escena que nos pintó Gustavo de un jefe tomando caipiriñas en las Playas de Ipanema mientras todos trabajaban duro, que, aunque para muchos trae consigo el imaginario del jefe autócrata, vago, que no da ejemplo y guarda consigo dichos como “el que tiene tienda que la atienda”, tiene detrás un conjunto de ideas que pueden ser la clave que muchos emprendedores están buscando y que, incluso, puede ser la principal diferencia entre emprendimientos que se quedan pequeños y grandes empresas.

La proactividad de los emprendedores es admirable, pero puede llegar a ser estúpida si no aprenden a delegarla.

Aunque suena fácil, y parece obvio que para crecer tienes que conseguir personas idóneas y comprometidas a las cuales entregar responsabiliades para dejar de dedicarte a lo urgente y pensar en lo estratégico, pasa que delegar muy rápido puede ser un suicidio y que hacerlo tarde, además de costoso, es letal.

Por eso en Empréndete volvimos a escuchar las entrevistas que hablaron al respecto y leímos qué dicen los expertos ¿a qué se refieren con delegar? ¿Cuándo es el mejor momento para hacerlo? ¿a quién delegar? Encontramos, al fin, cosas como estas:

¿Qué es delegar?

Para empezar, nos referimos a ‘delegar’ con la acción de entregar a otros autoridad, funciones, tareas y decisiones particulares alrededor de un tema. Dicho esto, no nos referimos a la entrega única de tareas -estilo checklist- sino a la cesión de autoridad, entendida como la posibilidad que tiene el otro de tomar decisiones.

¿Cuál es el riesgo de no delegar?

Un estudio del Harvard Business Review muestra que los empresarios gastan el 41% de su tiempo diario en cosas “perfectamente delegables”. El costo de oportunidad de ese tiempo, que podría ser usado en acciones que tengan más impacto en la empresa, hace tremendamente costoso lo posesivo que puede ser un emprendedor con su trabajo. – se trata de hacer tiempo para trabajo que valga la pena-.

Por otro lado, y esto va un poco más allá del trabajo fácilmente delegable (casi siempre operativo), cuando acaparas todas las decisiones importantes de tu empresa, estas creando una cultura que te pone en el centro de manera exagerada, lo que crea una dinámica de trabajo altamente dependiente de ti. Esto lleva a una empresa incapaz de trascender generaciones y, peor aún, incapaz de sobrevivir sin ti.

Bien dice Francisco García que las primeras vacaciones que tiene un emprendedor 100% tranquilo es su primera realización personal, no por la obvia tranquilidad del comentario, sino porque ha logrado que, sin su presencia, la empresa opere de manera normal. Como cuando sueltas la bicicleta de tu hija y ella pedalea sola.

¿Cuándo delegar?

La pregunta del millón. Es fácil delegar cuando ya eres grande porque es parte del “crecer” de las empresas, pero cuando estás en ese proceso, que normalmente es lento y cuidadoso, es muy importante tomar las decisiones con dedal.

¿No tienes tiempo ni para delegar? Este es el síntoma perfecto de que hay que hacerlo, lo cual implica, además, la necesidad de encontrar el tiempo necesario para hacerlo con cautela. Si no tiene tiempo no lo haga con prisa.

Muchos hablan de delegar como una acción que debe ser proactiva y no reactiva. Es decir, antes de que sea obviamente necesario hacerlo, menos traumático y más costoso. Para lograrlo, recomiendan hacer un listado juicioso y tan detallado como sea posible de las tareas diarias de la empresa y contrastarlo con la sensibilidad (riesgo) que puede tener delegarlo a alguien más.

Recomendamos hacer este test que encontramos en inglés.

¿A quién delegar?

Para empezar, mucho miedo a entregar responsabilidades puede ser síntoma de un nivel muy bajo de confianza al equipo de trabajo. Recomiendan hacerlo basado en habilidades, pero antes de eso, en el compromiso de los opcionados con lo que hace la empresa.

Al respecto, el gran Richard Branson centra su éxito en el saber delegar y antes, en encontrar gente más hábil que tú, que entienda tus ideas, comparta tus valores y quiera llevarlos a otro nivel. Esto, claro está, sin perder conexión con lo que hace el negocio para detectar cuando algo ande  mal.

 

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